domingo, 25 de marzo de 2012
lunes, 19 de marzo de 2012
CONSTRUCCIÓN DEL TREN "PF13"
¿Cómo fue esta experiencia?
Desde el momento en que el profesor mencionó el trabajo hubo en mí un pronto rechazo hacia él. Esta clase de actividades no son de mi agrado porque considero que, desde niña, no he tenido mucha aptitud ni actitud para realizar trabajos manuales. El hecho de pensar en que debía hacer un tren con cualquier material y que no pasara de treinta centímetros trajo a mi mente las veces que en mi época escolar tuve que recurrir a mi hermano para que terminara o arreglara el “desastre” que yo había hecho. Muy gustoso él me ayudaba, y gracias a que, desde ese entonces, su capacidad inventiva y exploradora del futuro ingeniero electromecánico que es hoy, yo salía excelente en mis creaciones. Sin embargo, cuando llegué a mi casa en Sabana de Torres, mi hermano no estaba y yo, solo yo, tendría que hacer el tren “PF13”.
Inicié con una idea base que era buscar cajas de medicinas, cartones y cosas que tuviera en mi casa. Una noche iba con una amiga y frente a su casa estaba todo el reciclaje, pues el carro de basura no había pasado ese día y allí alcancé a ver unos cartones de huevos que en mi mente se dibujaron como los futuros vagones de mi tren. Otros materiales como la silicona, el alambre, las tijeras, las pinzas y marcadores, también estaban en mi casa. Fue el lunes, 19 de marzo cuando me decidí concentrarme en la creación de mi obra maestra. Con todos los materiales en el suelo y sin todavía saber a ciencia cierta qué iba a hacer empecé a forrar las cajitas de gotas para ojos y otras pastillas con el papel brillante que había encontrado en un estante que estaba lleno de materiales que había guardado desde el colegio. Me di tiempo para formar los vagones con los cartones de huevos y acomodarlos en la plataforma de cartón paja. Corté los alambres y los moldecitos circulares de las ruedas y al finalizar la tarde, después de casi cinco horas, pude tomar la última fotografía que indicaba la culminación del “PF13”.
Inicié con una idea base que era buscar cajas de medicinas, cartones y cosas que tuviera en mi casa. Una noche iba con una amiga y frente a su casa estaba todo el reciclaje, pues el carro de basura no había pasado ese día y allí alcancé a ver unos cartones de huevos que en mi mente se dibujaron como los futuros vagones de mi tren. Otros materiales como la silicona, el alambre, las tijeras, las pinzas y marcadores, también estaban en mi casa. Fue el lunes, 19 de marzo cuando me decidí concentrarme en la creación de mi obra maestra. Con todos los materiales en el suelo y sin todavía saber a ciencia cierta qué iba a hacer empecé a forrar las cajitas de gotas para ojos y otras pastillas con el papel brillante que había encontrado en un estante que estaba lleno de materiales que había guardado desde el colegio. Me di tiempo para formar los vagones con los cartones de huevos y acomodarlos en la plataforma de cartón paja. Corté los alambres y los moldecitos circulares de las ruedas y al finalizar la tarde, después de casi cinco horas, pude tomar la última fotografía que indicaba la culminación del “PF13”.
Fue una experiencia divertida, aunque me sentía como una niña de colegio haciendo manualidades no me sentí del todo mal, hasta creo que lo disfruté… Algo dentro de mí se despierta cada vez que hago cosas que aparentemente no me gustan, es como si ese otro “yo” que casi siempre está dormido se despertara y muchas, pero muchas ideas empezaran a fluir de repente; formas, colores, texturas, dimensiones, todo tratando de ser ensamblado en un tren… ¡Ah, qué trabajo!
No sé si creer en eso de que cada uno de nosotros llevamos un niño dentro, pero con esta experiencia y con otras muchas más que he tenido que vivir , creo que nunca creceremos lo suficiente como para dejar de serlo y que, por el contrario a los grandes acontecimientos y experiencias, la vida y la felicidad se desarrollan a partir de los momentos y situaciones simples, como por ejemplo: la creación del tren “PF13”.
viernes, 10 de febrero de 2012
Preguntas sobre la película "Micmacs"
Preguntas literales:
1. ¿Cuáles fueron los dos hechos principales que marcaron la vida de Bazil, el protagonista de la historia?
2. Después que Bazil recibió el balazo ¿en qué cambió su forma habitual de vida?
3. Describa cómo era la vida laborar y familiar del fabricante de armas y del fabricante de minas.
4. Diga al menos cuatro de las capacidades extraordinarias de los nuevos amigos de Bazil.
5. ¿En qué consistió la "venganza" de Bazil?
6. ¿Cómo fue el desarrollo del toque final de la "venganza" de Bazil y sus amigos?
7. ¿Qué es lo que sucede en Bazil cuando se siente precionado?
Preguntas interpretativas:
1. ¿Qué palabra puede describir mejor a Bazil, el protagonista de la historia?
2. ¿Por qué gente tan extraordinaria como Bazil y sus amigos viven en aquella cueva de lata?
3. ¿Qué es lo que Bazil y sus amigos tratan de recrear al disfrazarse de árabes en el desierto?
4. ¿Cuáles son los lugares en que se desarrolla la historia y por qué son importantes dentro de ella?
5. ¿Qué puede resultar al comparar las relaciones de familia de los enemigos de Bazil y la de Bazil?
6.¿Cómo explicarías la idea de machismo que plantea la contorsionista a Bazil y su pertinencia en la historia?
7. Según la ambientación, ¿en qué periodo de tiempo se desarrolla la historia?
Preguntas critico-intertextuales:
1. Frente al dilema de Bazil de vengarse de sus agresores indirectos, poniendo incluso la vida de sus amigos en peligro, ¿Cuál es tu posición?
2. ¿Cómo se pueden relacionar los vínculos familiares de los enemigos de Bazil y los del propio Bazil con los de nuestro tiempo?
3. ¿Cuáles son las ideologías sociales que se pueden encontrar en la película y cuál es tu posición frente a ellas?
4. ¿A qué foco específico se le da la crítica más fuerte y con qué ámbito de nuestro se tiempo se puede relacionar?
7. Según la ambientación, ¿en qué periodo de tiempo se desarrolla la historia?
Preguntas critico-intertextuales:
1. Frente al dilema de Bazil de vengarse de sus agresores indirectos, poniendo incluso la vida de sus amigos en peligro, ¿Cuál es tu posición?
2. ¿Cómo se pueden relacionar los vínculos familiares de los enemigos de Bazil y los del propio Bazil con los de nuestro tiempo?
3. ¿Cuáles son las ideologías sociales que se pueden encontrar en la película y cuál es tu posición frente a ellas?
4. ¿A qué foco específico se le da la crítica más fuerte y con qué ámbito de nuestro se tiempo se puede relacionar?
lunes, 30 de enero de 2012
Comentario de la película "Los niños del cielo"
Lugar: Irán
Año: 1997
Producción: The Institute for the intelectual Development of children and Young Adults.
Dirección: Majid Majidi
Guión: Majid Majidi
Fotografía: Parviz Malekzaade
Reparto: Mohammad Amir Naji, Amir Farrokh Hashemian, Bahare Seddiqi, Nafise Jafar-Mohammadi, Fereshte Sarabandi, Kamal Mirkarimi, Behzad Rafi, Dariush Mokhtari, Mohammad-Hasan Hosseinian, Masume Dair…
Duración: 89 min.
Esta película trata de un niño, hijo de familia pobre llamado Ali, el cual extravía los zapatos de su hermana menor, Zahara, trayendo con esto complicaciones ya que la niña se queda sin zapatos, y es ahí donde empieza el clímax de la historia, ya que, Alì tiene que prestar sus zapatos a su hermana para que ella pueda asistir a su escuela. Ali con la finalidad de ayudar a su hermana y pagar el daño que cometió, lucha para meterse a una competencia donde se le otorgaba al segundo lugar unos tenis. Al ser muy buen corredor, logra ganar la competencia dejando los tenis al segundo puesto. Al mismo tiempo que su padre se dispone a darles una sorpresa.
Algunas escenas de las que aparecen allí me traen recuerdos de mi infancia y parte de mi adolescencia, pues, aunque no tuve situaciones tan precarias como la de tener que compartir mis zapatos con mi hermano mayor, sí tuvimos en mi casa muchas faltas y necesidades que hicieron que yo cada día valorara lo poco o mucho que tenía. En mi casa somos dos hijos, mi hermano mayor y yo, mi madre y mi padre. Con mi hermano siempre estudiamos en escuelas públicas del pueblo y teníamos que llevar cuadernos de los más económicos e incluso, si les sobraban hojas, eran utilizados en el siguiente año. Los uniformes y los zapatos nos duraba casi de a cuatro años escolares, no teníamos la posibilidad de decir que ya no queríamos tenerlos por algún hueco o manchón, pues el dinero para remplazarlos no estaba presupuestado. Teníamos la oportunidad de estrenar una buena “pinta” solo los diciembres y eso, algunas veces, alguno de los dos tenía que esperar para el otro mes.
Aproximadamente, a mis ocho años mi papá empezó a trabajar con un carro, transportando personas de Sabana de Torres a Bucaramanga y también de regreso. Sin embargo, el dinero que quedaba solo alcanzaba para nuestras necesidades básicas, es decir, comer, pagar servicios, mantenimiento del carro, impuestos y para lo que pudiera surgir de imprevisto. También me hizo recordar las veces que acompañaba a mi papá a hacer viajes al campo o veredas de alrededor del pueblo, en los que podía reconocer y admirar su sacrificio y entrega para darnos lo mejor que podía. Hoy doy gracias por todas esas necesidades y situaciones adversas que hubo en mi casa, porque ellas me enseñaron a valorar todo lo que tenía, a luchar por lo que quería, pero también, a ser agradecida por lo más importante y valioso que podía tener en ese momento: la vida y mi familia. Hoy creo que haber pasado por todo eso me enseñó lo que realmente es una vida feliz, pues este sentimiento no lo producen las cosas materiales, sino la actitud que se tome frente a las circunstancias que se tengan que vivir.
martes, 24 de enero de 2012
Dibujo sobre la película "Ni uno menos"
En esta imagen traté de plasmar algunas de las emociones que me produjo ver la película "Ni uno menos": responsabilidad, actitud, pasión, empeño, inocencia, sueños, huella, solidaridad y, sobre todo, constancia. A través de los colores busco representar la diferencia que existe entre cada uno de estos factores, pero la belleza que puede resultar cuando se juntan en un "papel".
lunes, 26 de septiembre de 2011
Autobiografía
No entendía mucho lo que estaba sucediendo ese día, y mucho menos lo que iba a suceder segundos después. Había escuchado que mi madre tenía que llevarme a un lugar en el que iba a aprender cosas que necesitaba saber, pero, hasta ese momento, en mi mente de niña de cinco años, no pasaba ni una idea de lo que estaba por venir.Ella indicó que me sentara en una de las pequeñas sillas que había en el lugar, mientras terminaba de hablar con mi madre. De repente, mi madre se acerca, me da un beso y me dice: - Paty, la voy a dejar aquí, yo vengo más tardecito, la dejo con la profe, pero tranquila, yo vuelvo por usted. Era la primera vez que me separaba de ella y que no había absolutamente nadie conocido a la vista. En una ocasión habían hecho el intento de llevarme a la guardería del barrio, pero fue imposible, porque diversas y extrañas enfermedades había aparecido en mi cuerpo sin explicación: fiebres, gripas, dolores de cabeza y de estómago, que hoy sé que eran más mentales que reales.
Así, sentada en aquella banquita, fijé mis ojos en mi madre quien caminaba hacia la salida, sin entender todavía lo que implicaba el hecho de que ella cruzara esa puerta. Cuando lo hizo, un sentimiento de temor, soledad y angustia llenaron por completo mi interior, y empecé a gritar su nombre, a reclamar su presencia con todas mis fuerzas, pero ella no regresaba a mí, y yo seguía pensando en que no podría existir sin ella, ese ambiente extraño me asustaba y absorbía, no quería estar allí. Lloré todo lo que pude sin recibir respuesta y al ver que seguía existiendo sin ella, decidí parar.
En aquel momento, aquella mujer que me había acariciado se acercó, me miró y me dijo: -tranquila, ella no se fue para siempre, vuelve ahorita. Con esas palabras reconforté mi espíritu y me dejé distraer por aquellos chicos que jugaban y coloreaban en aquellas hojas de papel, que me invitaban insistentemente a ser parte de su grupo.
En medio de un interesante juego escucho que me dicen: –Nena, alguien te busca. De inmediato volteé a mirar, recordando una promesa hecha unas horas antes. ¡Sí!, era ella, había vuelto por mí. Ese encuentro fue genial, porque en mi corazón se confirmaba el hecho de que ella no me dejaría para siempre y que así mismo cumpliría su palabra. De su mano regresé a casa, con pasos más rápidos que con los que habíamos venido, pues el fuerte lucero brillante se mostraba en todo su esplendor.
Así fue mi primer día de escuela, día en el que inicié mi recorrido por ese nuevo mundo que hasta ese momento había estado escondido para mí. De ahí en adelante empecé a experimentar una atracción por los colores, los sonidos, las formas, empecé a tratar de disfrutar el tiempo que tenía en ese lugar, y, gracias a mi profesora Isabel, quien paciente pero perseverante, reafirmó mi conocimiento sobre las letras y números que conocía a vuelo de pájaro por la insistencia de mi madre y las tareas que mi hermano tenía que hacer y que yo vigilaba con devoción. Amé a aquella mujer con el amor que una niña puede tener por su primera maestra; pero al iniciar el curso de primero fue impactante para mí compartir con otra mujer que no era muy cariñosa y que, por el contrario, tenía fama de exigente, malgeniada y ruda.
Fue complicado ese proceso de consolidación de la lectura y la escritura en mí, pues, a pesar de que hacía tres años se habían establecido en la Constitución Política de Colombia los derechos del niño, aquella maestra continuaba ajusticiando el mal comportamiento y rendimiento de sus “alumnos” con una regla y un jalón de orejas. En ese año, el llegar y permanecer en el salón estaba acompañado del temor y, sin embargo, increíblemente pude sortear todos los obstáculos y ganarme un reconocimiento de aquella mujer que llegó a opinar cosas buenas de mí. Hoy, cuando la veo por casualidad caminando por las calles, llevando en su mano algunos libros, una sombrilla y en su hombro un bolso, como le ha sido costumbre, tengo ganas de acercarme y saludarla pero, de inmediato, veo en ella ese gesto tosco y repulsivo que impide que lo haga y que recuerde la forma severa con la que ella prefería tratar a sus niños.
Fue complicado ese proceso de consolidación de la lectura y la escritura en mí, pues, a pesar de que hacía tres años se habían establecido en la Constitución Política de Colombia los derechos del niño, aquella maestra continuaba ajusticiando el mal comportamiento y rendimiento de sus “alumnos” con una regla y un jalón de orejas. En ese año, el llegar y permanecer en el salón estaba acompañado del temor y, sin embargo, increíblemente pude sortear todos los obstáculos y ganarme un reconocimiento de aquella mujer que llegó a opinar cosas buenas de mí. Hoy, cuando la veo por casualidad caminando por las calles, llevando en su mano algunos libros, una sombrilla y en su hombro un bolso, como le ha sido costumbre, tengo ganas de acercarme y saludarla pero, de inmediato, veo en ella ese gesto tosco y repulsivo que impide que lo haga y que recuerde la forma severa con la que ella prefería tratar a sus niños.
Normalmente, cuando llegaba a mi casa veía a mi hermano mayor hacer sus tareas, me parecían tan avanzadas, yo quería hacer todo lo que él hacía. Aunque a él no le gustaba mucho la idea de leer y escribir, (lo cual reafirma hoy su afición por los números) yo no podía tomar en cuanta esos gestos de desprecio que él hacía frente a los libros, por el contrario, yo los tomaba con tanta emoción y al fracasar cuando trataba de leerlos optaba por pasarme el tiempo mirando todas las imágenes y los títulos de las historias.
En tercer grado, amaba las enciclopedias, esos libros que con sus imágenes me habían atrapado y llevado a esos mundos que aunque reales, poco accesibles para mí. ¡Cuántos animales misteriosos!, ¡cuántos lugares extraños y maravillosos!. Definitivamente los libros no podían ser mis enemigos.
Mi padre, un aficionado lector que en su juventud había comprado muchos libros que reposan en una pequeña biblioteca de madera hasta hoy, pero que en ese momento no disponía de mucho tiempo para dedicarse a leer, pues su trabajo de conductor no le permitía dedicarse a este oficio. Sin embargo, aún sigue siendo muy fascinante hablar con él, yo no entendía cómo él podía saber tantas historias y cuentos tenebrosos, fantásticos y reales que disfrutaba contarnos a mi hermano y a mí, en la noche, después de que llegaba de su trabajo y salíamos al patio cada uno con una mecedora, dispuestos a contemplar el cielo, a escuchar y a imaginar todas y cada una de esas historias.
En ocasiones, no confiaba mucho en lo él nos contaba, me parecía demasiado irreal, por esa razón, acudía a los libros de historias, enciclopedias y demás libros que pudieran sacarme de ese aprieto y poder refutar a mi papá con pruebas contundentes. En otras, simplemente me dejaba llevar por lo mágico que es escuchar sin incluir la razón y dejaba que esos nuevos mundos se entrelazaran y tomaran la forma que deseaban. Esas historias, esos cuentos, fueron una gran motivación para que yo me internara en los libros, porque quería saber cosas para poder hablar, quería tener argumentos para poder refutar, quería saber con detalle para poder contárselas a mis amigos con toda seguridad, porque en la escuela no éramos estimulados de esa manera.
Creo que las clases fueron tan monótonas que no tengo ninguna de esos primeros años en mi mente, solo recuerdo a muchos de mis profesores rígidos que más que aliento y entusiasmo me traen un sentimiento extraño de no querer volver a estar allí.
Hoy sé que mi afición por la lectura no es por obra y gracia de la escuela y que gracias a que fui atrapada en mi casa de forma fantástica pude salvarme de estar contendiendo con el maravilloso mundo de la lectura.
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